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Diario Página12 - 15 de Octubre 2000

Salir en la semana

Dicen los que saben que salir durante la semana laboral puede resultar un plan más divertido, glamoroso y relajado que la típica noche del sábado. El happy hour, una costumbre anglosajona que se ha ido instalando en nuestro país, especialmente en los bares cercanos a la zona céntrica, ha ayudado a generar una interesante movida vespertina, creando un momento amable y distendido antes de regresar a sus hogares. La hora feliz consiste, habitualmente, en poder pedir un trago y que sean servidos dos (por el mismo precio).

En la tournée céntrica se descubre velozmente que los lunes son, en general, los días más tranquilos. Se puede empezar la semana admirablemente, entregándose sin más a las tardecitas de Filo (San Martín 915), sobre todo si hay alguna presentación de diseño o alguna vernissage en el subsuelo.......

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Revista Noticias nº1223 3 de Junio 2000

 

ORIGINAL. Desde 1993 satisface a los porteños con buena cocina y su ecléctico espacio de arte.

Cómo definir este lugar tan personal y sin embargo tan típico de Buenos Aires? Ninguna mejor que la propia definición que ofrece la casa en la enumeración, en verso, que figura en su tarjeta: "Cultura gastronómica italiana, lugar de diversión, para mirar y ser visto, espacio de arte, innovación permanente, indiferentes stay out, conversación de alto nivel, para olvidar a la mañana siguiente, música siempre, a grandes rasgos, gente poco aconsejable, lo peor de todo es lo bien que se come".
Desde 1993 viene fatigando, como apreciaba decir don Borges, mañana, mediodía, tarde y noche a satisfacción de porteños que van allí en busca de diversas cosas pero todos, unánimemente, a alimentarse en calidad y cantidad.
Dicha opción puede dividirse en dos partes o más, una la pizza, que Gianni Marras y su equipo preparan con verdadero arte, desde la clásica Margherita hasta la deliciosa "al brie" con mozzarella, tomate y salsa de tomate, queso brie y rúcula, sin olvidar la siempre inesperada Filo, creación instantánea que genera un razonable suspenso.
El pan de pizza es obligado y de vez en cuando, hay que enfrentar el rotundo calzone di tacchino, pechuga de pavo, mozzarella, salsa de tomate, huevo duro y tomate seco.
Otra es la cocina propiamente dicha con sus variadas secciones, hoy, a cargo de Luciano López Fuente (28), actualmente perfeccionándose en Italia, que abruma con su larguísima oferta. Muchos juran por las pastas, spaghetti ajo, oliva, ají picante, perejil y tomate, linguine con mejillones y almejas, fusilli con arvejas y jamón, ravioles de calabaza con manteca y salvia: hay para elegir, incluso los gnocchi dulces manteca, azúcar, parmesano, canela y pasas de uva.
Otros votan por las proteínas puras, lomo en fetas salteado con rúcula, tomates rellenos de carne, mejillones a la veneciana, fritura de ostras y mejillones con hojas de endibia...
Más allá claman por las ensaladas simples y complejas, vegetarianas o mitad y mitad. Todos concuerdan con las entradas –más de 23- sin olvidar la gran variedad de postres.
En fin que la elección es difícil.
Completa el panorama, festivo y agotador, salvo visitas sucesivas, una galería de arte con exposiciones mensuales y la excelente revista "La Voz del Bajo".

Por Fernando Vidal Buzzi

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Revista Luna Agosto 1999

 


Fiesta por el quinto aniversario del restaurante.

Su restaurante ofrece desde singulares pizzas (la Margherita con mariscos: lo más) hasta carnes cubiertas con salsa de hongos silvestres, a un costo per capita de entre $12 y $35, con bebidas.
La galería de arte y el periódico literario propios completan la propuesta.
Ahora, su 5º aniversario obliga a agendar una cita: el 23,a partir de las 21.59 en punto, comienza el agasajo que promete diversión y sorpresas. ¡Ah!, la entrada es libre y el consumo, gratuito.

 

San Martín 975. Tels.: 4311-0312/1871


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Revista Traveler nº28 Marzo-Abril 2000

 


Podría conjeturar una legión de desprevenidos que "pizzería italiana" es una expresión tautológica, pero no. Estarían errados. La pizza que se consume en las inmediaciones del Obelisco tiene poco de italiano: las modalidades de preparación de la masa, como las adiciones de grasa o aceite, son meros porteñismos. Y la cantidad de masa que se utiliza para obtener la lámina también es diferente. Digamos que la media masa criolla es en promedio tres veces más gruesa que la italiana, que no supera los 180 o 185 gramos.
Son estas sutilezas las que marcan las grandes diferencias. Así lo entendieron en Filo, auténtico reducto del microcentro donde la alquimia de la pizza es típicamente napolitana y se divide en dos clases: bianca o sin salsa, y de tomate. En la carta hay más de 30 contando una creazione istantanea del pizzaiolo Gianni Marras, cuyos ingredientes permanecen secretos e indescifrados hasta el mismísimo instante en que la obra llega a la mesa. La cocina, uno lo comprende entonces, es un arte.
También se nota en las pastas (como esos ñoquis con manteca apenas derretida, azúcar, canela, pasas y granna palanna, un tipo de Parmesano) y el resto del menú ideado por Giovanni Ventura, que nació en un pueblito cerca de Venecia, conserva el acento desde que llegó hace más de 20 años, prefiere que lo llamen cocinólogo y es uno de los dueños del lugar.
La experiencia de comer en Filo excita al unísono todos los sentidos, y pasa entre otros lados por una galería de arte subterránea con constantes vernissages, un periódico de corte intelectual, un maniquí en pose sugerente, manteles y servilletas de colores estridentes y un quiromántico y un tarotista para la espera o la sobremesa, a piacere. La fauna que visita el lugar es variada. Al mediodía vienen yuppies y managers a almuerzos informales de negocios. A la noche se suma una constelación de artistas, políticos y actores llena de glamour; la música sube de volumen y cambia al hip-hop o al jazz.
Originariamente el lugar iba a llamarse Filò, que significa algo así corno "convivialidad". Un homenaje a las familias campesinas de pueblitos mínimos como el de Ventura, que en invierno se reunían para pasar la noche al calor de los establos. Los hombres tomaban un vaso de buon vino, los ragazzi conversaban, las señoras terminaban sus bordados.
Sin acento suena más aporteñado, ecléctico como de verdad es.

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Revista Saveur nº32 Enero-Febrero 1999

 


Hippest Italian Restaurant in Buenos Aires

Agentines love beef. Everyone knows that. They also, especially in Buenos Aires, love Italian food - especially in Buenos Aires, love Italian food - especially pasta and pizza. Five years ago, Italian-born Buenos Aires transplant Deni de Biaggi upped the city´s Italian ante with FILO. The name incidentally, has nothing to do with Greek pastry; it means "edge", in reference to the restaurant´s garish decor (lounge club lighting, provocative female mannequins)- and also has colloquial sense of a gathering of friends. The city´s place to see and be seen, Filo is also the place to eat. Yes, there is pasta, and the pizza may be the best in town, but there´s is also dynamite carpaccio, Venetian-style liver, and an extremely popular rabbit ragout. A second Filo opened in Sâo Paulo in 1998; is New York next?


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Diario La Prensa "Casa y Familia" 6/08/1999

Lugares

El lugar es fantástico. Ahora que en materia de decoración gana todo lo que tiene un aire posmoderno Filo - en San Martín 975 -, propone una estética novedosa.

"Es un homenaje a los pintores modernos como Sonia Delauny, Paul Klee, Picasso, Dufy que están representados en paredes, columnas, sillones y objetos', dice Mario Salcedo -mánager de Filo-, que atesora un currículum apabullante.

"En este lugar en 1890 se fundó la Provisión Fernández. Se transformó en la catedral del comestible. Después de conocer a los dueños y de haber comprado miles de veces, un día se desocupó. La provisión murió. Se llevaron todo, sus estanterías, sus maderas, sólo quedó la demolición y sus fantasmas", explica Mario. Pero el amor que este hombre tiene por todo lo noble lo guió en un proyecto ahora concretado. "Surgió la idea de hacer un lugar para contener a la gente que circula por las galerias de arte, los cafés y las discos. Así nació Filo".

El alma del lugar está en el bar-pizzeria que en 300 metros cuadrados permite que 200 personas disfruten de un lugar inolvidable... al que vuelven con amigos. "Abajo tenemos la galería de arte, una de las más grandes de la ciudad. Es un fenómeno particular ya que está manejada por un experto: Alvaro Castagnino", analiza Salcedo.

Atravesando la puerta vaivén el color gana la partida. Filo muestra columnas con guar das, diseño de Gustav Kllmm. Sobre la pared del bar un mural de Sonia Delauny. El bar y las sillas son diseño de Mario Salcedo. La iluminación está realizada sobre un diseño especial de Tony Cordero con tulipas de cristal de, murano de gamas brillantes. En las paredes cuadros de artistas argentinos, de enorme tamaño. Filo pertenece a Provisión Italiana SA cuyo presidente es Deni Debiaggi, colaborador juntamente con el pintor Mariano lndig y Mario Salcedo en la realización del local.

Para comerte mejor
La manteleria es rayada, amarilla y negra, tipo Fendy. Pisos de madera reciclada y mosaicos antiguos.
Se come pizza amasada por el gran Gianni, en 40 gustos diferentes desde 6 pesos. Las pastas, por supuesto caseras, desde 8 pesos y las ensaladas por 4. La cerveza a 2.50. "Nuestra cocina es mediterránea, sin colesterol, sólo usamos aceite de oliva", asegura Mario, quien explica en un manifiesto titulado Este es mi último amor, la historia de su vida. Alli cuenta que en los 70 curtió el bar de la Galería del Este. Lugar de reunión de todo el que era alguien.

No sólo charlaba con Jorge Luis Borges, que escribía poesía en la librería De La Ciudad, atendía a Sabato, al inolvidable Manucho, Geno Diaz, Bioy Casares y el más que habitué Federico Peralta Ramos, a Sergio Renán, Spinetta, Lalo Mir. Douglas Vinci, entre otros tantos. Luego manejó La Polilla en Villa GeselI, primer lugar rockero al que llegaban Monis, Pajarito, Tanguito, el Gato Barbieri y muchos más. "Un dia dos italianos geniales, Dante y Stéfano Carniatto, me convidaron a nacionalizar el hermoso proyecto que es Pizza Piola y allí estuve. Ahora mi proyecto es Filo".

Y resulta que por Filo pasan permanentemente los convocados de siempre: Sergio Renán, Pablo Gowland, Clorindo Testa, Boby Flores, Lalo Mir, Mauricio Birabent y Monis, y muchos, muchos más, Allí están todos, y también la gente que busca un lugar diferente, con onda. Los camareros son chicas y chicos: bailarinas, estudiantes de diseño gráfico, universitarios. "Hasta tenemos un diario propio La voz del bajo, en el que colaboran periodistas amigos con temas inherentes al barrio, que tiene en 4 manzanas, cerca de 30 restaurantes".

Paredes amarillo pompeyano, algunas con pinturas, techo imitando el cielo de la Capilla Sixtina ... y un calor del infierno - Todo está en Filo para disfrutar comiendo, tomando, viendo a famosos y lo que es mejor, charlando con amigos.

Giselle Casares

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