Filo - Espacio de Arte

OSCAR SERRA

"CUADROS MEJORADOS"

(obra reciente)

Del 3 de Junio al 26 de Agosto

 

 

Oscar Serra



La grafía de la metáfora

Sordauc Sodarojem ed Arres Racso, ¿por qué no? Esta propuesta no es diferenciar la realidad de lo fantástico, porque para Oscar Serra lo fantástico parece proceder siempre de lo cotidiano.
Es que ganando tiempo, se gana todo. ¿Y el tiempo es luz?
Extraña como es, la idea de los cuantos de luz sirve para aclarar el problema de cómo un átomo emite y absorbe la luz; y cómo los átomos pueden producir luz y cómo éstos son influidos por la luz. Y si el átomo puede emitir o absorber únicamente cuantos de luz cuyas energías tengan un valor correcto, entonces serían iguales a alguna de esas diferencias. Esa es la cuestión.
Conviene mascar una hoja de albahaca, por lo menos durante quince minutos. Después, se podrá continuar, pero más frescos, con la cabeza bien sujeta y los hombros flexibles, los brazos fuertes y el esternón como una florete garboso.
Hubo sondeos referentes a si la vida debía dominar sobre la ciencia o la ciencia sobre la vida, y ante este interrogante se fortaleció la preeminencia de la vida. Entonces, parecería que la vida es la que desborda los esquemas rígidos ¿Es contradictorio, paradojal o insensato? Así surge paralelamente la entelequia de la creación, su objetividad y subjetividad, cada huella dejada por el artista ahonda más y más en un camino eterno que enlaza cada uno de sus pasos, inexorablemente genuinos como reflejos de una sorpresa ante su mirada, que no se reconoce de inmediato, y sin embargo, poco a poco salen a la luz como brotes naturales despertando la conciencia.
La complejidad suele ser temida. La confusión tiene otras raíces, pero los laberintos de la razón y del inconsciente se suceden en una pertinaz órbita que se asemeja a la primer elipse de los tiempos. Es quizá la equivalencia matemática de la esencia del hombre. Hay cifras todavía misteriosas, el propio alfabeto guarda combinaciones aritméticas que se encubren sigilosas en las palabras. De la misma manera que los elementos de un cuadro esconden sutiles presencias de formas geométricas disfrazadas o números áureos fragmentados en líneas invisibles. Son múltiples las sumas y las restas, las divisiones de puntos que dibujan sobre un plano, las medidas y equilibradas posiciones de cada elemento. Los espacios vacíos resultan también completos si se invierten las condiciones de la lectura. Basta alterar la mirada, o recorrer la visión con una percepción atigrada y oval.

Oscar Serra

Oscar Serra

Todo es relativo, al fin de cuentas. Meridianos y paralelos, cuadrículas de finos hilos de plata pueden coordinar la percepción del espectador, que consigue también ser artista, a veces. Depende del aforo de su vuelo. ¡Oh, el vuelo! ¿Cuántos metros puede levantar el espectador? ¿Uno, dos cincuenta... mil? Su capacidad está íntimamente ligada a la fibra de su esencia, a su condición de ver. Ver para creer. Creer para ver. Para ver, creer o para creer, ver. ¿Quién sabe? Hay quienes pueden ver y quienes pueden creer. Todo está en la propiedad química del espíritu. Es el enigma de la existencia. Los unos y los otros. La dualidad del lenguaje, la equivalencia de la imagen y la energía de la transferencia. Ahí emerge la conexión, enlace sublime de una suerte de contorsión epicúrea de los sentidos que permite sintonizar. Un instante prodigioso, único, exclusivo en cada individuo que puede llegar a compartirse, pero siempre desde una particular concepción que nace y se desvanece en uno mismo con una propia identidad.
La misma incitación atraviesa el hacedor de la obra, en un espiralado desarrollo de sístoles que sacuden sus hebras más veladas hasta plasmarse en estratos de rara textura sobre otras incoloras, transformándose en una nueva consistencia de materia.
Y llega el color, componente acostumbrado al protagonismo más exacerbado que por razones sintéticas o epilogales, se pasea por la obra en superficies relevantes, y hasta taumaturgas, según la necesidad. Pero el equilibrio –otra entidad díscola de la obra– de dificultoso andar, ya que suele mimetizarse, como un reptil acuático en las aguas que lo amparan, es el que da el punto exacto, la precisión definitiva del resultado.
De ahí, su importancia permanente. Por los siglos de los siglos, el equilibrio pareciera haber estado representado por la balanza, el juicio, la sensatez de las partes. La ley fundamental de la termodinámica asegura que la entropía total –medida del desorden– tiene que crecer constantemente. El incremento del orden en una estructura viviente va siempre acompañada por una disminución del orden en el medio ambiente físico que lo nutre. Así como resulta esto importante en la formación de las moléculas orgánicas –como las plantas–, éstas se producen con ayuda de la luz solar. Para cada molécula construida se absorbe energía luminosa, que su vez es producida por una gran pérdida de orden en el material solar que la emitió. Así el equilibrio actúa sobre nosotros mismos.
Ecuaciones, deducciones, suposiciones, cálculos, todo nos lleva a analizar cada elemento, cada componente de los hechos. Acontecimientos que nos reflejan, nos traducen en diferentes lenguas, modalidades e incluso parábolas. Todo concluye al fin de una metáfora; la metáfora del infinito. (patricia delmar)

Oscar Serra

Oscar Serra