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La grafía de la metáfora
Sordauc Sodarojem ed Arres Racso, ¿por qué no? Esta
propuesta no es diferenciar la realidad de lo fantástico,
porque para Oscar Serra lo fantástico parece proceder siempre
de lo cotidiano.
Es que ganando tiempo, se gana todo. ¿Y el tiempo es luz?
Extraña como es, la idea de los cuantos de luz sirve para
aclarar el problema de cómo un átomo emite y absorbe
la luz; y cómo los átomos pueden producir luz y cómo
éstos son influidos por la luz. Y si el átomo puede
emitir o absorber únicamente cuantos de luz cuyas energías
tengan un valor correcto, entonces serían iguales a alguna
de esas diferencias. Esa es la cuestión.
Conviene mascar una hoja de albahaca, por lo menos durante quince
minutos. Después, se podrá continuar, pero más
frescos, con la cabeza bien sujeta y los hombros flexibles, los
brazos fuertes y el esternón como una florete garboso.
Hubo sondeos referentes a si la vida debía dominar sobre
la ciencia o la ciencia sobre la vida, y ante este interrogante
se fortaleció la preeminencia de la vida. Entonces, parecería
que la vida es la que desborda los esquemas rígidos ¿Es
contradictorio, paradojal o insensato? Así surge paralelamente
la entelequia de la creación, su objetividad y subjetividad,
cada huella dejada por el artista ahonda más y más
en un camino eterno que enlaza cada uno de sus pasos, inexorablemente
genuinos como reflejos de una sorpresa ante su mirada, que no se
reconoce de inmediato, y sin embargo, poco a poco salen a la luz
como brotes naturales despertando la conciencia.
La complejidad suele ser temida. La confusión tiene otras
raíces, pero los laberintos de la razón y del inconsciente
se suceden en una pertinaz órbita que se asemeja a la primer
elipse de los tiempos. Es quizá la equivalencia matemática
de la esencia del hombre. Hay cifras todavía misteriosas,
el propio alfabeto guarda combinaciones aritméticas que se
encubren sigilosas en las palabras. De la misma manera que los elementos
de un cuadro esconden sutiles presencias de formas geométricas
disfrazadas o números áureos fragmentados en líneas
invisibles. Son múltiples las sumas y las restas, las divisiones
de puntos que dibujan sobre un plano, las medidas y equilibradas
posiciones de cada elemento. Los espacios vacíos resultan
también completos si se invierten las condiciones de la lectura.
Basta alterar la mirada, o recorrer la visión con una percepción
atigrada y oval.


Todo es relativo, al fin de cuentas. Meridianos y
paralelos, cuadrículas de finos hilos de plata pueden coordinar
la percepción del espectador, que consigue también
ser artista, a veces. Depende del aforo de su vuelo. ¡Oh,
el vuelo! ¿Cuántos metros puede levantar el espectador?
¿Uno, dos cincuenta... mil? Su capacidad está íntimamente
ligada a la fibra de su esencia, a su condición de ver. Ver
para creer. Creer para ver. Para ver, creer o para creer, ver. ¿Quién
sabe? Hay quienes pueden ver y quienes pueden creer. Todo está
en la propiedad química del espíritu. Es el enigma
de la existencia. Los unos y los otros. La dualidad del lenguaje,
la equivalencia de la imagen y la energía de la transferencia.
Ahí emerge la conexión, enlace sublime de una suerte
de contorsión epicúrea de los sentidos que permite
sintonizar. Un instante prodigioso, único, exclusivo en cada
individuo que puede llegar a compartirse, pero siempre desde una
particular concepción que nace y se desvanece en uno mismo
con una propia identidad.
La misma incitación atraviesa el hacedor de la obra, en un
espiralado desarrollo de sístoles que sacuden sus
hebras más veladas hasta plasmarse en estratos de rara textura
sobre otras incoloras, transformándose en una nueva consistencia
de materia.
Y llega el color, componente acostumbrado al protagonismo más
exacerbado que por razones sintéticas o epilogales, se pasea
por la obra en superficies relevantes, y hasta taumaturgas, según
la necesidad. Pero el equilibrio otra entidad díscola
de la obra de dificultoso andar, ya que suele mimetizarse,
como un reptil acuático en las aguas que lo amparan, es el
que da el punto exacto, la precisión definitiva del resultado.
De ahí, su importancia permanente. Por los siglos de los
siglos, el equilibrio pareciera haber estado representado por la
balanza, el juicio, la sensatez de las partes. La ley fundamental
de la termodinámica asegura que la entropía total
medida del desorden tiene que crecer constantemente.
El incremento del orden en una estructura viviente va siempre acompañada
por una disminución del orden en el medio ambiente físico
que lo nutre. Así como resulta esto importante en la formación
de las moléculas orgánicas como las plantas,
éstas se producen con ayuda de la luz solar. Para cada molécula
construida se absorbe energía luminosa, que su vez es producida
por una gran pérdida de orden en el material solar que la
emitió. Así el equilibrio actúa sobre nosotros
mismos.
Ecuaciones, deducciones, suposiciones, cálculos, todo nos
lleva a analizar cada elemento, cada componente de los hechos. Acontecimientos
que nos reflejan, nos traducen en diferentes lenguas, modalidades
e incluso parábolas. Todo concluye al fin de una metáfora;
la metáfora del infinito. (patricia delmar)


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