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MIRIAM PERALTA
"Dibujos y otros rollos"

El dibujo tiene mucho de desenrollar un ovillo tirando de la punta
de una línea. Existen por lo tanto dos dinámicas: sorprenderse y
dejarse llevar por ella o determinar de antemano el destino de esa
línea. Cuando se dice aprender a dibujar se dice en cierto modo
aprender a condicionar la línea a un modelo, a un “a-priori”. Pero
también hay otros que se dejan llevar por la dinámica de la línea
que no por sí es representativa del mundo figurativo. Ahora bien,
la línea actúa en el espacio, éste puede ser una hoja de papel pero
también puede ser (¿por qué no?) el espacio real, o sea aquel donde
los objetos existen y dan sombras. ¡Acaso no existen máquinas de
dibujar sombras? Un clavo por ejemplo, es una línea –un tanto gruesa–
en el mundo de los objetos y su sombra es una línea evanescente.
Un trazo evanescente hecho con carbonilla, por ejemplo, juega con
esa sombra, si es de sanguínea el trazo deviene color.
Argentina, cuarenta y cuatro años, concubina
reincidente, dos hijos, una nieta.
Formación académica en Bellas Artes
y grupal en “La Gilarda”.
Ocho años de trabajo en “Submarino” (taller) no remunerados.
Exposiciones individuales y colectivas,
Algunos (pocos) premios.

El espacio plano del dibujo puede jugar con el espacio
real de los objetos. El espacio de los dibujos-dibujos (aquellos
en papel) pueden jugar con el espacio real del ambiente donde son
colocados (esto es lo que vulgarmente se dice “saber colgar cuadros”).
Estas banales reflexiones tienen que ver en el mundo del dibujo
(vulgarmente asociado a la representación) con su intrínseca naturaleza
abstracta (esto es, previa al destino posterior que se le dará a
la línea). En este aspecto, por asociación con otro lenguaje artístico,
puede decirse que éste es el aspecto musical del dibujo, determinado
por el juego de sus elementos esenciales: línea-espacio. El objeto
que generalmente es convocado representativamente por la línea puede
–en el mundo ya no de la “realidad-ficción” si no de la “realidad”–
jugar con ella. De esta manera las funciones se reclasifican, se
desconstruye una naturaleza del dibujo para construirla en otra.
(Luis Felipe Noé)
* Texto extraído del catálogo de la muestra “Campo
de dibujo”, Centro Cultural Recoleta, marzo de 2001.

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