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OBJETOS ¿PROHIBIDOS?
La ironía
más allá de la protesta
En un mundo donde la razón de la sin razón adquiere el rango
de principio rector y las líneas de separación entre el bien
y el mal, entre la justicia y la injusticia apenas se visualizan
detrás de la bruma de la hipocresía, las nuevas generaciones
han aprendido a convivir con estos códigos aceptando el hoy
por el hoy y, sin mayores cuestionamientos, una realidad que
se les impone. Una realidad que no es ni buena ni mala, ni enaltecida
ni menospreciada, simplemente, tomada y asimilada como tal.
Lo superficial, la indiferencia, lo material como supremo logro,
parecen indicadores del derrotero de los jóvenes del presente.
Sin embargo una lectura profunda nos permite descubrir la otra
dimensión, la subyacente, la que, cargada de inquietudes de
fuerza y vitalidad, busca generar los anticuerpos necesarios
para el cambio. |

OBRA: “La mano en la
lata no tiene
nada de malo”.
MovACru.
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Inmersa en este panorama la creación no está (como
nunca lo ha estado) ajena a las problemáticas y desafíos históricos.
Como un lenguaje sin monólogos finales, busca un diálogo de apertura
desde, y para la realidad, convirtiendo a la obra en respuesta,
en una respuesta concordante con el espíritu y la intencionalidad,
conciente o no, de su creador. Pero este buscar, encontrar, asimilar
y responder no es tarea fácil para los jóvenes artistas sin el marco
referencial de ideologías hoy falsamente transformadas en utopías.
Sumergidos en una sociedad éticamente "vacía", acosados por la incertidumbre
del mañana, su camino se trasforma en un sendero al borde de un
precipicio en el cual no es difícil caer. El vértigo en los procesos
de maduración suele desembocar en la creación superflua, sin base
de sustentación plástica y con contenidos endebles. Afortunadamente
no es este el caso de Néstor Fernández. Su obra, producto de una
mágica fórmula de pureza infantil y aguda intelectualidad, nos transmite
verdades que no permiten escapes banales. A veces actúa como arqueólogo
urbano, recoge materiales, restos de objetos y los modifica. Entra
en el juego del volumen y de la línea, utiliza cemento, madera,
alambre y les confiere nueva existencia y nuevo significado; los
proyecta como presencias que nos remiten al mundo de lo que la ciudad
ha inutilizado o rechaza. A veces construye objetos y los retrotrae
a una apariencia atávica, despojada. Nos golpea la tristeza que
emana de esa economía de rasgos de los que no se desprende interés
alguno por captar al que lo observa, por establecer una relación.
Ajenos a su medio se imponen, indiferentes, fuera del tiempo, inmóviles
para siempre en el espacio que ocupan, cual si contemplaran más
allá de toda comprensión y de toda respuesta el festín de los otros
objetos que los rodean. La otra realidad es un menú de utensilios
cotidianos, obvios, inofensivos que nos guiñan con malicia y vamos
descubriendo que el código que creíamos tan simple revela una abigarrada
superposición de baratijas brillantes y engañosas, objetos travestidos
que han perdido su función específica ensamblados por un hechicero
despiadado. Son el patético resultado de la degradación material,
formal y funcional a que el hombre deshumanizado, descuartizado,
los ha sometido, la evidencia de la gula desenfrenada en el banquete
crematístico de nuestra sociedad. Fernández se planta en la realidad
para desnudar sin concesiones (como las mordaces observaciones de
un niño) la falsedad que la encubre. Lúcido, arroja estos testimonios
convencido de la inutilidad de las protestas vocingleras que se
diluyen en el transcurrir mecánico de los días o de las angustias
personales que se regodean en el monólogo incomunicado de grupos
intelectuales. Apela a su imaginación, a su creatividad, para zamarrearnos,
quizás para provocarnos una carcajada y lograr, en tono menor, que
estos engendros posmodernos se conviertan en una incómoda y persistente
chicharra que desde nuestra mente y desde nuestra sensibilidad nos
impida seguir fingiendo ser ciegos y en realidad actuar como cómplices.(Luisa
Rosell-Sergio Domínguez Neira)

OBRA: “30.000 espejitos por lo tuyo”.
MovACru.
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OBRA: “Menú virtual”.
MovACru.
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OBRA: “Anulado”.
MovACru.
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OBRA: “Plantando gente. Barrio Esperanza”.
MovACru.
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OBRA: “La mascota está muerta”.
MovACru.
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OBRA: “El ciudadano”.
MovACru.
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Instrucciones
para vivir en una sociedad moderna sin perder el origen.
Aunque haya
nacido en el más íntimo suelo de la patria, arraigado a costumbres
que los antepasados tildaban de tradición, aunque el aborigen lo
persiga por las pampas suplicando su parte de ser, aunque por sus
venas corra el mapuche o el comechingón, o cualquier indígena; sea
moderno. Ante todo y por cualquier causa que sea lo importante es
ser moderno, presuntuoso, lujurioso, pasmoso, pastoso, morboso,
odioso y querido, aceptado, bien mirado, pensado y respetado. Y
estudie, divulge, promulge, comulge y compute, impute, vea películas
alocadas y esdrújulas, pierda el paso y encuentre, comente y concentre.
Manténgase comunicado, compre un telefax, cree programas de computación,
sea amigo de los nuevos chips, tenga una memoria pormenorizada,
de avanzada, escanée pensamientos, sentimientos, sea como un buen
disco rígido, guarde, repita, compita; use maquetas, raquetas, plaquetas,
tenga metas. Conozca a Ram, el dios supremo de la técnica y véase
en pantallas gigantes, en el mundo de hoy: civilizado, avanzado,
desolado, insultado, resbalado, sin un índio o un tambor o un caballo,
sin amor.
Néstor Fernández.
DOS
(Fotografias)
de
Jorge Luis Campos
De sólo referirse a otro, en un verso se desgrana
Conflicto-
Compañía-Espejo-Fantasma-Drama.
Y como si esto fuera poco BLANCO-NEGRO.
Y si somos más justos y, como en algunas películas viejas,
tratamos de utilizar el “por orden de aparición” se nos
aparece el yo con yo. Ninguno “igual” al otro.
La obra de Campos me ubica como espectador e inmediatamente
como el espectado. No dejo de mirar que ya me veo.
¿Narcisismo? Seguramente pero... más:
arena——sombra——mujer
hombre——muñeco——transparencia—-deforme
¿Quién no se atreve a volar?
Vacioroblezapato
Melenaviamujer
¿Cuánto tarda en aparecer el cuento?
Tal vez por el vicio de la ficción me veo argumentando un
personaje.
Pero cuando la textura de la realidad se descascara, cuando
el material se evapora no puedo más que enfrentarme a mí.
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Tarea para el hogar:
Mire los muñecos en las sillas por un lapso
no mayor de un minuto.
Baje la mirada a los otros... ¿Qué pasó? Invierta el proceso...
¿Qué pasó?
El orden de los muñecos altera el producto ¿o no?
Esa irresistible necesidad de ver rostros, señales.
Ahora sé que mi muslo es un trapecio.
Que el final del puente por donde pasó la locomotora cae
a pico sobre el camino que conduce a la mansión del Ciudadano
Kane.
El artista como un mago sabio que sorprende y convoca para
que uno también sea mago.
Para que uno también se deje llevar, para que uno tentado
por la tranquilidad de la simetría se sacuda el complemento
y deje entrar al que no está, pero deambula.
En definitiva, si alguien me convoca con el misterio de
otros, eso puede ser para mí atractivo, no lo voy a negar.
Pero si alguien (Jorge Luis Campos) convoca mi misterio
por el ejercicio de su arte eso ya es imprescindible...
para mí, por supuesto. (jorge marrale)
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