ROBERTO PLATE
 

UN PASAJE AL ACTO DE PINTAR

La observación en directo de la obra pictórica de Roberto Plate, permite la verificación intencional del juego de sus imágenes. Es decir, que su semiología no se limita al encuadramiento de las configuraciones. Si tendemos a hacer un análisis formal, éste debería remitir sobre el dispositivo mental que lo genera, en su totalidad. A Plate, se lo recuerda por otro impacto no formal y devenido de la actitud experimental de la época de los ’60, LOS ASCENSORES del Teatro San Martín y el BAÑO del Instituto Di Tella. En primer lugar, las imágenes de Plate son manifiestamente un pretexto para hacer la pintura: la nulidad de su valor semántico es en alguna medida garantía de su CUALIDAD PICTORICA liberando y haciendo posible esta última. Plate, hace pesar sus conquistas para poner en evidencia el valor y las propias cualidades de la pintura. Como si para volver a dar cuerpo a la pintura, para restituir sus cartas de nobleza, para hacerla visible, apelara al uso de las imágenes mas corrientes y anodinas. Al recordar sus primeras exposiciones constatamos una evolución al nivel de los soportes que empleaba: puesta en escena, foto, texto, escultura y pintura acompañante. Sin embargo, alega una fuerte deuda con la pintura propiamente dicha. En la ocasión su deseo es cumplir con el pago simbólico de esta poderosa obligación. Su inscripción en la enseñanza clásica de las Bellas Artes, pareciera apartarlo de la actualidad. Y la actualidad adopta como punto de partida la lección de Duchamp: la indiferencia hacia el objeto, al soporte, son menos importantes que el análisis y el discurso. Se dice: “El arte esta en tren de desaparecer”. Plate, cuando escucha semejante juicio lapidario, se siente aprisionado y, cuando es imposible reaccionar, esgrime una especie de reflejo de supervivencia que consiste en un único recurso, hablar, para encontrar una salida de seguridad. Sus primeros trabajos que incluyen las simulaciones, habría que calificarlos como el empleo de recursos tendientes a comprender la situación. De esta manera, la idea de puesta en escena ha correspondido para Plate en poner todas las cartas sobre la mesa, en intentar retomar las cosas desde la base. En cambio, hoy, remite su discurso a su lugar en relación con la obra propiamente dicha: la obra no existe sin discurso, pero el aspecto genial de la PINTURA consiste en que ella debe ocultar ese discurso. El discurso no está echo para calificar, sino para apropiarse de las obras de arte. De este modo, al utilizar más de un soporte produce e inyecta más de un discurso. En el arte es necesario cuestionarlo todo para verificar si existe algún síntoma de evolución. Conocemos que el punto de vista darwinista en el arte posee escasa recepción al haber caído la idea de PROGRESO. Si en algún momento utilizó como tributo a la fotografía y al texto, a las que sumó las similitudes objetales, no había experimentado aún la relación que se establece entre el público y el cuadro, la foto, el texto, y su propio yo. En ese momento, experimentó una suerte de inventario favorable, y reservó el soporte-pintura, no por razones de jerarquía, sino porque esa elección corresponde a su deseo: Plate busca un efecto más inmediato. El arte opera una síntesis que altera y desvía el discurso. Esa alteración es hoy más evidente en la pintura.


De inmediato surge una pregunta: ¿Qué representa la elección de la pintura para un artista en el año 2001? Se puede hablar de reacción, de tradición, de resistencia. En un comienzo Plate se sentía muy solo frente al medio vanguardista, y tenía una sensación superficial, aunque no desagradable por otra parte, de resistencia. Pero más profundamente sentía el deseo de tocar los valores que hacen a nuestra sociedad. La pintura es para él la búsqueda de los valores-escalonados. En el fondo, quiere saber cuáles son los arquetipos, los bulones, las tuercas del sistema que eligió, aquel del arte. La pintura le parece que corresponde exactamente a esos arquetipos perfectos entre los que evolucionamos. Ahora, cuál es el perfume intelectual de nuestra sociedad, hay escasísimo tiempo para realizar actos irreflexivos, privados de valor absoluto. Luego, hemos atravesado el periodo de duda e interrogación. Desde su punto de vista, ponemos en acto el pensamiento del porvenir: asumir una reflexión con un acto, pero sin omitir algunos cuestionamientos, algunas debilidades constitutivas; este acto es por lo tanto, relativo, está cargado de perplejidad y poca certeza. Por esta razón la ironía esta muy presente. La verdad se ha puesto en marcha; en sus últimos cuadros aparece con toda evidencia la elección de la pintura figurativa. Entonces, qué es en la practica el estatus del sujeto, en realidad, Plate no opera un retorno a la figuración, sino una profundización. Quiere continuar con la pintura figurativa, sin olvidar el discurso. Le gustaría anclar la pintura a un arquetipo, precisando al mismo tiempo que no es la idealidad de la pintura lo que le interesa. Para él un arquetipo es una forma con sus debilidades, y sus cualidades de adecuación a una determinada sociedad. Plate he elegido como tema: el sujeto, el discurso, la representación. Viviendo esta búsqueda de lo invariante del “cuadro absoluto”, se encuentra frente al problema del estilo. El estilo es lo que permanece desde los años de esfuerzo para fundir su personalidad. Y esto es imborrable. Por esta razón está cada vez más confrontado a los problemas del oficio, de la cocina del pintor y el sujeto descarga su motivación de la manera más banal. Mas allá del estilo, el hecho de enfrentarse a los modelos sobrecargados de iconicidad difusa y esteticidad provisoria, es significativo de una actitud común a numerosos artistas, a posteriori del comienzo de los años ’60 y que se extiende largamente fuera de la imagen POP. Frente a la inflación de la comunicación y a la obsolescencia de los signos expresivos el arte más consecuente se ha hecho cargo del problema de la repetición. La expresión se ha dejado de oponer al código como aquello que no se repite, su oposición ha devenido más estratégica integrando la repetición en la esfera expresiva, el arte ha desarrollado en suma, una práctica moderna de tipo etnológico; redescubriendo las conductas arcaicas de evitamiento y de conjuración de la repetición.(carlos espartaco)