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Mandala Putera
No es ficción inventada por un gárrulo émulo periférico de Borges:
el señorito Mandala Putera existe, tiene 39 años, vive en Yakarta,
Indonesia y posee una fortuna personal estimada en 800 millones
de dólares. Su nombre completo es Hutomo Mandala Putera y desde
hace pocos días está preso por haber mandado a asesinar a un juez
que lo había condenado a 18 meses de cárcel por corrupción: Mandala
Putera quedó en libertad provisional pues argumentó que un grupo
de presos de la cárcel de Yakarta planeaba sodomizarlo en gang-bang.
Los dos killers que Mandala Putera contrató para retribuir a la
servisprudencia leguleya que lo dejó libre, lo acusan. La policía
allanó uno de los departamentos de Mandala Putera. Halló un arsenal
de fusiles ametralladoras y 9,5 kg de explosivo plástico del tipo
empleado en un atentado en la Bolsa de Yakarta el pasado año, que
dejó 15 muertos. Según reporta Raimondo Bultrini desde Bangkok en
La Repubblica del 8 de agosto pasado, en casa Mandala Putera la
policía encontró un documento suyo falso a nombre de Ibrahim y el
mapa con los domicilios del juez asesinado y de otros dos magistrados.
Claro que Mandala Putera no es cualquiera en Yakarta. Hutomo es
famoso en su ciudad y su vasto y populoso país: ¿cómo no sería famoso
el pibe indonesio que fue dueño de la Lamborghini -no de una, sino
de toda la compañía? Mandala Putera, gracias a la ayuda de papito,
también construyó una fábrica de autos nacionales indonesios que
el FMI se negó a financiar. Pues papá Mandala Putera tampoco es
un cualquiera en Indonesia. Hoy octogenario, enfermo y derrocado
pero nunca encausado, fue durante tres décadas el mandamás de su
archipiélago y amasó una fortuna de quizá 4.500 millones de dólares
bajo el nombre de Suharto, a cuyo sexto y más díscolo hijo llaman
el Tommy Suharto, en los papeles Hutomo Mandala Putera, asesino
del juez que lo condenó por corrupto. ¿Mandala Putera será finalmente
poli-sodomizado en la cárcel de Yakarta? ¿Si al corrupto le caben
18 meses de sodomía ininterrupta, cuántos años corresponden al asesino
de su juez? Con su facha de turro atorrante, su nombre de travesti
bardero, su guita de sátrapa sudaca y esa chapa de sodomizado putativo,
el convicto Mandala Putera puede estar cierto que entablaría no
pocas amistades epistolares y de chateo con argentinas y argentinos
a través de numerosos/as conductores/as de radio y televisión simpatéticos,
si se pudiera salvar la barrera idiomática. Y si se pudieran salvar
todas las barreras y evadirse, Hutomo Mandala Putera debería saber
que en Argentina sería recibido como un héroe por un vasto sector
de la población y, con suerte y algo de mercadeo cultural mediático,
proclamado a poco de aterrizar líder de la secta puterística o jefe
del movimiento mandalo putero o ambas cosas. Hay nombres que parecen
hechos para triunfar en la vida y Mandala Putera suena a uno de
esos, quizá ya no más en Indonesia, pero sí en nuestro país donde
más de un angustiado gritaría con regusto liberado “¡Hutomo, querido,
el pueblo está contigo! ¡Mandala, Putera, a los jueces balacera!”
Si Mandala Putera no existiera, habría que inventarlo. Clonarlo.
Exportarlo. En los países más corruptos, miniaturas baratas de Mandala
Putera en plástico o yeso pintado de santería podrían ser comercializados
para su adoración por el pequeño corrompido. En los países más sanos,
Mandalas Putera de tamaño natural en cemento o metal berreta serían
emplazados en plazoletas periféricas para su libre vandalización.
En nuestra vasta geografía, por ejemplo, se podrían ubicar cientos
de estos Mandala Putera en todos los hoy no-lugares que los corruptores
de toda laya saquearon y arrasaron. Un Mandala Putera en cada estación
de peaje de las rutas de la muerte. Otros Mandala Putera en las
estaciones y pasos a nivel de los ferrocarriles muertos. Un Mandala
Putera en la puerta de cada tribunal y juzgado que apañó a la dictadura
militar. Un gigantesco Mandala Putera inflable anclado del techo
del Ministerio de Economía o la Casa Rosada o la AFIP. Otro Mandala
Putera del mismo tipo frente al Congreso, mirando al Senado. Un
enorme Mandala Putera en hormigón del tamaño de la estatua de la
libertad en Viedma-Carmen de Patagones, con copia en aeropuerto
de Anillaco. Docenas, cientos, millares de Mandala Putera obligatorios,
del tamaño de enanitos de jardín, frente a los domicilios de la
nomenclatura de la socialburocracia político-empresarial-sindical-militar
argentina de los últimos 30 años, hasta que dejen de cobrar jubilación
de privilegio por sabio arbitrio de la naturaleza o de la justicia
terrenal. En Carnaval, corso, rumba, murga y batucada al lema y
son de Mandala Putera. En días patrios, procesiones populares con
Mandalas Putera de paja para quemar en efigie y plaza pública. Imponer
por ley a todos los corruptos el cambio de nombre y apellido para
que se llamen todos igual y se confundan sin distinciones de credo,
sexo, partido o estado civil como la misma basura: ¿cuántos ciudadanos
y ciudadanas legalmente rebautizados Mandala Putera habría en nuestra
renacida República? Ciertamente habría que re-documentar a todo
un sector VIP de la población, digamos unos 30 o 40 mil Mandalas
Puteras de primerísima línea y altísimo nivel, a esa altura refugiados
en Punta o Miami. Pero enseguida después el Comité de Salud Pública
caería en cuenta de que el agujero mandaloputerístico argentino
es mucho más grande de lo que parece a primera vista. Quizá un millón
de connacionales necesitaría un nuevo DNI a nombre de Mandala Putera
porque parafraseando a Sciascia, puede decirse que “en Argentina
hay corruptos, medio corruptos, corruptitos y cuaracuacuás”. De
las dos primeras categorías no debería quedar uno sólo sin rebautizar
pero ¿tendría sentido un país donde uno de cada diez habitantes
se llama Mandala Putera? Es evidente entonces que a los corruptitos
y a los cuaracuacuás habrá que amnistiarlos o indultarlos, para
que todo el peso de esa ciega ley nombradora y apellidadora caiga
sobre los corruptones y corruptazos, los verdaderos hijos de un
Mandala Putera que los pareó. (diego bigongiari
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